EL BLOG DE PEAZODECOCK

El lobo de internet

MÁS DE UNA PANTALLA

¡Muchos monitores!

El uso de dos o más pantallas se está extendiendo cada vez más. Según algunos estudios, el uso de múltiples monitores puede aumentar la productividad en más de un 40%, un dato que no sorprende cuando consideramos que en sistemas operativos multitarea el Escritorio se llena en seguida de iconos y ventanas.

El soporte nativo de Windows para varios monitores, sin embargo, deja mucho que desear, pues se limita a ofrecer un área supletoria para colocar ventanas e iconos. El resto de la interfaz no parece tener en cuenta las necesidades de quienes usan dos o más monitores. Los principales fabricantes de tarjetas gráficas y algunos programadores han intentado arreglar esta carencia.

ATI y nVidia, por ejemplo, ofrecen sus propias soluciones para la gestión de entornos con múltiples pantallas. Hydravision, de ATI, puede guardar hasta nueve perfiles de Escritorio, añade un botón para maximizar las ventanas entre las pantallas y atajos de teclado que pueden asociarse a 17 funciones distintas. nView, por otro lado, se incluye en todos los controladores de nVidia. Su característica más destacada es GridLines, con la cual puedes organizar las ventanas en una cuadrícula predefinida mediante un botón en la barra de título.

UltramonSi prefieres soluciones que no sean exclusivas para una tarjeta gráfica, puedes empezar por UltraMon, una aplicación ya clásica para quienes usan dos pantallas.

UltraMon no sólo simplifica el desplazamiento y maximizado de ventanas, sino que también extiende el tapiz y la Barra de tareas. Otras funciones incluyen la reproducción en espejo de lo que se ve en una de las pantallas (mirroring) y la definición de perfiles.

El único inconveniente de UltraMon es que se trata de un programa de pago. La alternativa consiste en renunciar a soluciones integradas e instalar una serie de herramientas gratuitas que se centran en funciones concretas.

Para extender la Barra de tareas dispones de la versión gratuita de MultiMonitor, aunque sólo la versión Pro es compatible con los estilos visuales de Windows. La nueva barra acogerá sólo las ventanas del monitor en la que se encuentre.

DisplayFusionSi quieres ampliar un solo fondo de Escritorio a dos o tres monitores, por otro lado, tienes el excelente DisplayFusion, el cual es también capaz de bajar imágenes desde Flickr.

Los fondos para este tipo de configuración pueden encontrarse en páginas como InterfaceLift, deviantART o Vladstudio. A menos que estires la imagen, ten en cuenta que debes sumar el ancho total de tus pantallas. Dos monitores de 17 pulgadas con una proporción de 4:3, por ejemplo, necesitan un fondo de 2560 por 1024.

Finalmente, para mejorar la organización de las ventanas en un espacio tan grande, puedes probar GridMove y AeroSnap. Similares a la función GridLines de nView, ambas utilidades emulan una de las futuras características de la interfaz de Windows 7, esto es, la posibilidad de repartir las ventanas en una cuadrículas predefinida. GridMove cuenta con numerosas opciones y atajos, varios diseños predefinidos, y es compatible con múltiples monitores.

GridMoveSample
GridMove en acción

Windows 7 promete un mejor soporte para múltiples pantallas pero, de momento, la única forma de mejorar la situación en XP y Vista es a través de estas utilidades. En cuanto a los videojuegos – faceta menos “productiva” – la situación no es muy distinta, ya que son pocos los que ofrecen la posibilidad de utilizar varios monitores al mismo tiempo.

16 de diciembre de 2008 Posted by | INFORMÁTICA, ORDENADORES | Deja un comentario

EL CAMPO MAGNÉTICO DE VENUS

Venus tiene campo magnético, sí, pero muy débil. La Tierra y otros planetas lo tienen gracias al llamado “efecto dinamo”, que produce la rotación del astro al mover el hierro líquido de su núcleo. En Venus, ocurre que rota demasiado despacio como par formar éste campo magnético. En nuestro planeta y en otros, éste actúa como escudo contra el viento solar, por eso las radiaciones en Venus son enormes e impiden que haya agua.

16 de diciembre de 2008 Posted by | CURIOSIDADES, ESPACIO, VENUS | 2 comentarios

LOS PAPALAGIS 6

LOS PAPALAGI

NO TIENEN TIEMPO

Los Papalagi adoran el metal redondo y el papel tosco; les da mucho placer poner los zumos del fruto muerto y la carne de los cerdos, bueyes y otros animales horribles dentro de sus estómagos. Pero también sienten pasión por algo que no podéis comprender, pero que a pesar de esto existe: el tiempo. Lo toman muy en serio y cuentan toda clase de tonterías sobre él. Aunque nunca habrá más tiempo entre el amanecer y el ocaso, esto no es suficiente para ellos.

Los Papalagi nunca están satisfechos con su tiempo y culpan al Gran Espíritu por no darles más. Sí, difaman a Dios y a su gran sabiduría dividiendo cada nuevo día en un complejo patrón, cortándolo en piezas, del mismo modo que nosotros cortamos el interior de un coco con nuestro machete. Cada parte tiene su nombre. Todas ellas son llamadas segundos, minutos u horas. El segundo es más pequeño que el minuto y el minuto más pequeño que la hora. Pero todos ellos ensartados juntos forman una hora. Para hacer una hora, necesitas sesenta minutos y muchos, muchos segundos.


Ésta es una historia increíblemente confusa, de la cual yo mismo no he entendido todavía los puntos más sutiles, puesto que es difícil para mí estudiar esta tontería más allá de lo necesario. Pero los Papalagi le atribuyen mucha importancia. Hombres, mujeres y hasta niños demasiado pequeños para andar, llevan una máquina pequeña, plana y redonda, dentro de sus taparrabos. atada a una cadena de metal pesado, colgando alrededor de la garganta o alrededor de la muñeca; una máquina que les dice la hora. Leerla no es fácil. Se les enseña a los niños arrimándolos a sus orejas, para despertar su curiosidad.

Estas máquinas son tan ligeras que puedes levantarlas con los dedos y llevan una maquinaria dentro de sus estómagos, como los grandes barcos que todos vosotros conocéis. Hay también grandes máquinas del tiempo, que permanecen de pie en el interior de sus cabañas, o colgando de una gran casa para así ser más visibles. Ahora bien, cuando una parte del tiempo ha pasado, queda indicado por dos pequeños dedos sobre la cara de la máquina y, a la vez, grita y un espíritu hace chocar el hierro en su interior. Cuando en una ciudad europea ha pasado cierta parte del tiempo, estalla un espantoso y clamoroso estrépito.

Al sonar este ruido del tiempo, los Papalagi se lamentan: «¡Terrible, otra hora esfumada!». Y entonces, como una norma, ponen el rostro sombrío de alguien que tiene que vivir una gran tragedia. Asombroso, pues inmediatamente después empieza una nueva hora.

Nunca he sido capaz de comprender eso, pero creo que debe ser una enfermedad. Lamentos comunes a la gente blanca son: el tiempo se desvanece como el humo, el tiempo corre y dame sólo un poco más de tiempo.

He dicho que probablemente es alguna clase de enfermedad; porque cuando el hombre blanco siente deseos de hacer algo, cuando por ejemplo su corazón desea ir caminando por el sol, navegar en un bote por el río o hacer el amor a su amiga, usualmente se priva de su propia dicha al ser incapaz de encontrarlo. Mencionará miles de cosas que se llevan su tiempo. Malhumorado y farfullando soporta un trabajo que no siente ganas de realizar, que no le da ningún placer y al que nadie más que él mismo le obliga. Y cuando, repentinamente, descubre que en verdad tiene tiempo o cuando otros se lo dan -los Papalagi se dan a menudo unos a otros tiempo y ningún regalo es más preciado que ése- entonces descubre que no sabe qué hacer durante ese tiempo en particular, o que está demasiado cansado de su trabajo, sin alegría. Y siempre está determinado a hacer esas cosas mañana, porque hoy no tiene tiempo.


Hay Papalagi que dicen no tener nunca tiempo. Caminan aturdidos como si hubieran sido tomados por un aitu y dondequiera que se muestren provocan desastres, porque han perdido su tiempo. Estar poseído es una terrible enfermedad que la medicina del hombre no puede curar y que contagia a muchos otros, volviéndolos profundamente infelices.

Porque los Papalagi siempre están asustados de perder su tiempo, no sólo los hombres, sino también las mujeres y hasta los niños pequeños; todos saben exactamente cuántas veces el sol y la luna se han levantado desde el día en que vieron la gran luz por primera vez. Sí; juega un papel tan importante en sus vidas, que lo celebran a intervalos regulares, con flores y fiestas. Muy a menudo he observado que la gente tenía que avergonzarse por mí, porque me preguntaban mi edad y yo empezaba a reírme y no la sabía. «Pero tú tienes que saber tu propia edad». Entonces guardaba silencio y pensaba: es mejor para mí no saberla.

¿Cuántos años tienes?, significa cuántas lunas han vivido. Examinar y contar de ese modo está lleno de peligros, porque así se ha descubierto cuántas lunas suele vivir la gente. Entonces guardan eso en la mente y cuando han pasado una gran cantidad de lunas, dicen: «Ahora tengo que morir pronto». Se vuelven silenciosos y tristes y, en efecto, mueren después de un corto período.

En Europa hay realmente poca gente que tenga tiempo. Puede incluso que ninguna. Ésa es la razón por la que la gente corre por la vida como una piedra lanzada. Casi todos mantienen sus ojos pegados al suelo cuando caminan y balancean sus brazos para llevar mejor el paso. Cuando alguien les para, le gritan malhumoradamente: «¿Por qué me has parado? No tengo tiempo,

¡Haz buen uso de tu propio tiempo!» Parece que piensan que un hombre que camina rápido es más valiente que uno que camina despacio.

Una vez vi la cabeza de un hombre casi explotar, sus ojos girar sobre sí mismos, su gaznate hacerse ancho, abierto como el de un pez moribundo, y pegar con sus manos y pies, sólo porque su criado había llegado un poco más tarde de lo que había prometido que haría. Se suponía que ese respiro era una pérdida considerable que nunca podría recuperarse de nuevo. El criado tuvo que abandonar la choza; el Papalagi le perseguía y le llamaba nombres. «Esto es ya el límite, porque me has robado mucho tiempo! ¡Un hombre que no respeta el tiempo es una pérdida de tiempo!»


Otra vez vi a un Papalagi que tenía tiempo y nunca se lamentaba a causa de él. Pero ese hombre era pobre, sucio y despreciado. La gente caminaba a su alrededor trazando un gran círculo y nadie le concedía ninguna atención. No entendí eso, porque su paso era lento y seguro, y sus ojos tranquilos y amistosos. Cuando le pregunté cómo había sucedido eso, movió su cabeza y dijo tristemente: «Nunca he sido capaz de aprovechar mi tiempo; por eso ahora soy pobre y un zoquete despreciado». Ese hombre tenía tiempo, pero no era feliz.


Con toda su fuerza y todas sus ideas, los Papalagi intentan ensanchar el tiempo tanto como pueden. Usan agua y fuego, tormentas y relámpagos del firmamento, para refrenar el tiempo. Ponen ruedas de hierro bajo sus pies y dan alas a sus palabras, sólo para ganar tiempo. Y ¿para qué sirve todo ese trabajo y esos problemas? ¿Qué hacen los Papalagi con su tiempo? No he averiguado nunca lo bastante, aunque a juzgar por sus palabras y ademanes uno pensaría que están invitados personalmente por el mismo Gran Espíritu a un gran fono.

Creo que el tiempo resbala de sus manos como una serpiente, deslizándose de una mano húmeda, sólo porque tratan siempre de agarrarse a él. No permiten que el tiempo venga a ellos, sino que lo persiguen con las manos extendidas. No se permite malgastar el tiempo tumbándose al sol. Siempre quieren mantenerlo en sus brazos, darle y dedicarle canciones e historias. Pero el tiempo es tranquilidad y paz amorosa, amar, descansar y tenderse en una estera imperturbable. Los Papalagi no han entendido al tiempo y, por consiguiente, lo han maltratado con sus bárbaras prácticas.

¡Oh, mis hermanos amados!, nosotros nunca nos hemos lamentado del tiempo, lo hemos amado como era, sin perseguirlo o cortarlo en rebanadas. Nunca nos da preocupación o pesadumbre. Si hay entre vosotros alguno que no tiene tiempo, ¡dejadle que hable! Nosotros tenemos tiempo en abundancia, siempre estamos satisfechos con el tiempo que tenemos, no pedimos más tiempo del que ya hay y siempre tenemos tiempo suficiente. Sabemos que alcanzaremos nuestras metas a tiempo y que el Gran Espíritu nos llamará cuando perciba que es nuestro plazo, incluso si no sabemos el número de lunas gastadas. Debemos liberar al engañado Papalagi de sus desilusiones y devolverle el tiempo. Cojamos sus pequeñas y redondas máquinas del tiempo, aplastémoslas y digámosles que hay más tiempo entre el amanecer y el ocaso del que un hombre ordinario puede gastar.




16 de diciembre de 2008 Posted by | PAPALAGIS | Deja un comentario

   

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