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BOMBILLAS DE BAJO CONSUMO

No todas son buenas.

Aproximadamente un 20% de la factura de la luz corresponde a iluminación. Puede parecer un porcentaje modesto, pero las autoridades europeas calculan que cuando todos los habitantes hagan uso de bombillas eficientes, se ahorrará una ingente cantidad de energía, igual a la que gastan hoy en día y por término medio once millones de hogares europeos.

Mejor para todos

Desde septiembre de 2009 las bombillas incandescentes han dejado de fabricarse, y está previsto que desaparezcan definitivamente de los hogares europeos en septiembre de 2012.

El uso generalizado de bombillas de bajo consumo tendrá grandes beneficios medioambientales y económicos:

– Para empezar, la Unión Europea dejará de emitir 15 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, responsable del calentamiento atmosférico.

– Se dedicarán menos recursos no renovables (petróleo, carbón…) a la producción de electricidad.

– El dinero ahorrado en la factura eléctrica (entre cinco y diez mil millones de euros anuales) se reinyectará en la economía comunitaria.

– Cada consumidor recortará su gasto particular en luz: la bombilla más eficiente de los análisis procura un ahorro anual de 10 euros durante su vida útil, respecto a su equivalente en bombillas incandescentes; multiplique por el número de lámparas de su casa y seguro que le sale un buen pellizco.

La bombilla del futuro ya está aquí

Las viejas bombillas incandescentes van a ir desapareciendo del mercado en los próximos tres años. En nuestra opinión, se trata de una medida positiva siempre que las bombillas de bajo consumo cumplan sus promesas; es decir, siempre que den una luz equiparable a la que disfrutamos ahora, pero consumiendo mucha menos energía y durando mucho más.

El análisis se puede ver aquí: cuadro de análisis de bombillas de bajo consumo de 10 a 16 vatios.

Hay que escoger bien y exigir más

Nuestro análisis demuestra que no todas las bombillas de bajo consumo están a la altura de lo esperado de ellas, No todas las analizadas lo hacen: las que tienen calificaciones malas o muy malas en la columna Luminosidad y eficiencia del cuadro, anuncian un flujo luminoso mayor que el medido por nosotros y consumen mucho más que sus compañeras más eficientes (pero siempre menos que las incandescentes).

Además, algunas bombillas presentan resultados poco uniformes en lo que respecta a la duración: sometidas en grupos de cinco a 8.000 horas de uso, las hay que no sobreviven a 500, junto a otras del mismo modelo que superan las 8.000 sin grandes mermas de luz.

Cuando se combina un alto precio de compra, unos resultados en eficiencia energética por debajo de lo esperado y una tendencia a la muerte o el desgaste prematuros, puede que la bombilla de bajo consumo no sea un ahorro respecto al uso de bombillas incandescentes sino una pérdida. Ocurre con los dos modelos peores: el globo de la marca Megaman, (con el que pueden perderse casi 5 euros anuales) y la bombilla tipo pera de Cegasa (2 euros anuales de pérdida y unas prestaciones generales muy pobres).

Dicho de otro modo: hay que exigir a todas las bombillas de bajo consumo lo que ya logran las mejores.

Verdades y mentiras sobre las bombillas

Existen algunos tópicos sobre las bombillas de bajo consumo que se vienen arrastrando desde la época en la que su tecnología estaba aún poco evolucionada. Nuestro análisis los desmonta. Se dice que…

Tardan mucho en encenderse.

Depende de la calidad. La mayor parte de las bombillas analizadas sólo brilla un 40% de su capacidad a los 3 segundos de encenderse; pero algunas llegan al 64%, luego este aspecto puede mejorarse.

Los encendidos y apagados acortan su vida.

No es cierto. Muchas de las bombillas analizadas sobreviven sin problemas a 20.000 ciclos de apagado y encendido.

Son demasiado grandes.

Cada vez hay modelos más pequeños, gracias al uso de tubos más estilizados y de formas de hélice.

La luz no puede regularse.

No es cierto. Se puede, aunque no con modelos estándar sino especiales, en general más caros.

Contienen mercurio.

Es verdad, pero se trata de una pequeña cantidad de mercurio, encapsulado y recuperable gracias al reciclaje. En realidad, las bombillas convencionales son responsables de una mayor emisión de mercurio a la atmósfera, procedente de la combustión que tiene lugar en muchas plantas de producción de electricidad. Al cabo de 8.000 horas de uso, una bombilla convencional de 60 vatios habrá generado 5,8 miligramos de emisiones de este tipo, frente a sólo 1,2 en el caso de una de bajo consumo de 13 vatios.

Emiten rayos ultravioleta.

Las bombillas fluorescentes, incluidas las de bajo consumo, emiten radiación UV. Si la lámpara se sitúa a muy pocos centímetros de la piel, la exposición dura más de ocho horas y la bombilla no tiene carcasa, la radiación UV puede equivaler a la de un día soleado de verano y causar enrojecimiento de la piel. Sin embargo, en cuanto la distancia supera los 30 centímetros y la bombilla lleva carcasa, la radiación se convierte en insignificante (también se recorta la luminosidad entre un 5 y un 10%). Con todo, quienes sufran hipersensibilidad a la luz (unos 250.000 europeos), han de usar lámparas fluorescentes con precaución, para evitar reacciones cutáneas adversas.

Causan molestias en la vista y dolor de cabeza.

Los tubos fluorescentes tradicionales producen luz en pulsos o flases con una frecuencia de 100 o 120 encendidos y apagados por segundo. Este parpadeo, que puede neutralizarse con un montaje estudiado de varios tubos, es capaz de causar fatiga ocular y otras molestias a personas sensibles. Las modernas bombillas de bajo consumo son una versión muy evolucionada e incorporan un controlador electrónico que elimina este problema; los pulsos se suceden a tal velocidad (40.000 ciclos por segundo) que el parpadeo es imperceptible e inocuo.

Y finalmente, unos consejillos:

Planificar bien el tipo de bombilla que va en cada lugar, en función de sus necesidades, y no olvidarse de reciclar son los principios básicos.

– Escoja la bombilla de bajo consumo más adecuada al espacio que vaya a iluminar y sepa qué hacer si se gasta o se rompe.

– Para las escaleras y las zonas de paso, es preferible una bombilla que se encienda rápido y que aguante bien numerosos encendidos y apagados.

– Para garajes, sótanos y otras estancias sin calefacción, use bombillas con un buen rendimiento a bajas temperaturas.

– Coloque bombillas que lleven los tubos cubiertos por una carcasa en las lámparas que se mantengan cerca de usted y le alumbren durante ratos prolongados, como las de la oficina, las de la encimera de la cocina o las de lectura de la mesilla de noche.

– No trate de usar una bombilla de bajo consumo para todo; una halógena eficiente puede ser preferible para orientar el haz luminoso a un punto concreto, por ejemplo, un objeto decorativo

– Las bombillas de bajo consumo pierden brillo con el paso de los años y puede que tenga que cambiarlas sin esperar a que se fundan, como se hace con las bombillas tradicionales.

– Si se rompe una bombilla, recoja los restos con cinta adhesiva o con un trapo húmedo, pero no con el aspirador. Ventile la habitación a continuación.

– No tire las bombillas gastadas a la basura corriente; contienen mercurio, lo que hace de ellas un residuo peligroso. Llévelas a un punto limpio (en los comercios que las venden a veces las admiten de vuelta).

25 de septiembre de 2009 Posted by | BOMBILLA, ENERGÍA, LUZ | Deja un comentario

   

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