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El lobo de internet

EL OTRO LADO DE FÁTIMA

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Extractado del libro ‘Misterios de la Iglesia’
de Carmen Porter

Una mujer sin cabeza

Hay acontecimientos que han sido hábilmente «eliminados» de las crónicas oficiales de los sucesos de Fátima.

Varios meses antes de que las apariciones de la Virgen en Cova da Iria estuvieran en boca de todo Portugal y de media España, se produjeron hechos aún más inauditos si cabe. Entre abril y octubre de 1915 Lucía, que se encargaba de llevar a pastar el ganado a las tierras familiares, y otras tres pastorcitas -María Rosa Matías, Teresa Matías y María Justino- se encontraban con sus ovejas en un cerro conocido como Cabeço, cerca de Aljustrel. Como cada jornada, después de comer las viandas que sus madres les preparaban para soportar mejor el día, comenzaron a rezar el rosario.

A los pocos minutos, una de las niñas se quedó atónita ante la visión que se dibujaba al frente. Avisó a las demás y las cuatro pudieron observar cómo encima de unos árboles, suspendida en el aire, aparecía una figura blanca – «parecía vestida de nieve»- a la que «los rayos del sol iluminaban de lleno», dándole una singular transparencia. Así explicó Lucía el verdadero primer hecho insólito del que fue testigo:

“De buenas a primeras vemos que, sobre la arboleda del valle que se extendía a nuestros pies, se detenía como un nube, más blanca que la nieve, algo transparente, en forma humana. Parecía una persona envuelta en un lienzo”.

Una de las muchachas fue corriendo a su casa y con gran congoja aseguró a su madre que había visto encima de un árbol «una cosa blanca que parecía una mujer sin cabeza, que no tenía ni manos ni ojos».

«El ángel», como más tarde denominarían a aquel extraño ser, se volvió a dejar ver en otras dos ocasiones por Lucía, Jacinta y Francisco, a los cuales nadie creía.
La Virgen se aparece a los tres pastorcillos

El 13 de Mayo de 1917 amaneció soleado. Era domingo y los pastorcillos acudieron muy temprano a oír misa con sus familias.

Jacinta había cambiado mucho desde la visita del «ser de cristal» y aprovechaba cualquier instante para hacer sacrificios y rezar con gran devoción. Pero no se pudo resistir al juego que su hermano propuso y así comenzaron a construir una cabaña con piedras. De repente un «rayo» se dibujó en el horizonte. No había nubes y el sol brillaba con todo su esplendor. Sabiendo lo peligrosas que pueden a llegar a ser las tormentas en el monte, decidieron que lo mejor era volver al pueblo.

En pocos minutos juntaron los rebaños y comenzaron a descender por el camino de la cuenca. Al pasar al lado de una robusta encina, otro rayo, más fuerte, los vuelve a asustar. Aceleran el paso, pero pocos metros después quedan inmovilizados ante una mata de carrasca de poco más de un metro de alta, sobre la cual se halla una mujer «más brillante que el sol».

– No tengáis miedo, no quiero haceros daño alguno.

Lucía, precavidamente, le pregunta:

– ¿Usted de dónde es?

– Soy del cielo.

– ¿Qué es lo que quiere usted de mí?

– Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después diré quién soy y lo que quiero. Y volveré aquí todavía una séptima vez.

Tras charlar varios minutos con los niños, la figura

“…abrió las manos comunicándonos una luz muy intensa como un reflejo que de ella salía penetrando en nuestros pechos […]. Comenzó entonces a elevarse serenamente en dirección al oriente, hasta desaparecer en la inmensidad del espacio, rodeada de una luz muy viva que iba como abriéndole camino en el círculo de los astros.”

La descripción oficial que se divulgó sobre la mujer que se había aparecido a los pastorcillos es la siguiente:

“Manifiesta tener de quince a dieciocho años. El vestido blanco como la nieve, sujeto al cuello con un cordón de oro, le baja hasta los pies, que rozan apenas las hojas de la carrasca. Un manto, todo bordado en oro, le cubre la cabeza y todo el cuerpo. Tiene las manos juntas delante del pecho en actitud de orar y de ellas cuelga un rosario de cuentas blancas…”.

Son términos que, ajustándonos a la verdad, no tienen nada que ver con la primera declaración que los niños hicieron ante el canónigo Manuel Nunes Formigao.

Es más Lucía, nunca dijo haber visto a la Virgen, ni lo reconoció, como podemos comprobar en una conversación mantenida con su tío Marto, que al escuchar la historia de labios de la pequeña espetó:

“- Si los niños han visto a una mujer vestida de blanco, ¿quién podía ser sino Nuestra Señora?

– No sé si era Nuestra Señora. ¡Era una mujercita muy bonita!”

Como el lector comprenderá, debido al contenido paranormal que se relataba, estos hechos estuvieron durante muchos años dormidos hasta que gracias a la investigadora Fina d´Armada y Joaquim Fernandes salieron a la luz.

La historiadora D´Armada consiguió, en 1978, una beca del Instituto Nacional de Investigaciones Científicas para hacer un estudio sobre la situación de la mujer durante la Primera República. Pero su sagacidad la llevó a adentrarse en los archivos del primer historiador de los acontecimientos de Fátima, el reverendo Formigao – también conocido como vizconde de Montelo-, y extraer una información única que recopilaría en su obra As apariçoes de Fátima e o fenómeno ovni.

Así en los primeros documentos, la descripción del ser que se aparece ante ellos es completamente diferente:

“La Señora parecía tener unos quince años, medía un poco más de un metro de altura y llevaba un sayo blanco que daba luz y dorado, que no llegaba hasta los pies. La túnica tenía costuras doradas a lo largo y ancho como si estuviera acolchado. Tenía dos o tres cordones en los puños. No tenía cinto o faja en la cintura.

Estaba cubierta con una capa blanca y llevaba una esfera a la altura del pecho. Tenía algo en la cabeza que le cubría el cabello y las orejas. Sus ojos eran negros y tenía una gran belleza, hablaba sin mover los labios. Tampoco movía los pies al desplazarse y descendía hasta el lugar de la aparición por una rampa luminosa. No se parece a ninguna de las imágenes de Nuestra Señora o de otras santas que haya visto antes.”

Un mes antes de que la entidad visitara oficialmente a los pastorcillos, un enigmático anuncio, publicado por un grupo espiritista local, apareció en el Jornal de Noticias de Lisboa firmado por Stela Matutina, que decía:

“La fecha del 13 de mayo será de gran alegría para los buenos espiritistas de todo el mundo. Tened fe y sed buenos. Ego sum charitas.”

También anteriormente habían sido muchos los portugueses que aseguraban haber observado foo-fighters -pequeños objetos luminosos muy conocidos en la ufología-, incluso uno, según aseguran, llegó a golpear en la cara a una hermana de Carolina Carreira, vecina de los videntes. Otros afirmaron ver un globo plateado, un objeto en forma de escalera o «nubes» que iban en dirección contraria al viento.
«Achicharrados en aceite»

Un mes más tarde el fenómeno se volvía a repetir. A la hora indicada, un extraño vapor blanco rodeó a los niños, mientras la temperatura disminuía velozmente y la luz solar menguaba. Cuando Lucía comenzó a hablar mirando hacia la encina, muchos de los presentes pudieron escuchar un leve zumbido «como el de un enjambre de abejas», al que siguió una insólita «explosión».

“Cuando la visión empezó a alejarse, se oyó como la explosión lejana de un cohete y se vio levantarse en el espacio una nubecilla blanca. Todas las hojas de la encina se recogieron y plegaron hacia el oriente, como si la orla del manto de la Señora, al partir, hubiera pasado rozando sobre ellas.”

Durante el tercer contacto con el ser celestial, le anuncia por primera vez a Lucía que en octubre se produciría un milagro para que todos creyesen, por lo que el 13 de agosto de 1917 ya eran unas seis mil las personas que se concentraban en torno al árbol esperando la llegada de los videntes. Pero estos no aparecieron.

Arturo de Oliveira Santos, alcalde de Ourem, distrito al cual pertenecían Fátima y Aljustrel, había sido el culpable de la ausencia. Su figura y cargo dentro de la masonería hacía que fuera un hombre temido e influyente. Nadie osaba a llevarle la contraria. Desde 1910, año en que triunfó la revolución en Portugal, acabando así con la monarquía, sacerdotes y religiosas habían sido perseguidos y encarcelados. Se prohibía acudir a orar al templo, ni mostrar iconos sagrados, produciéndose un mayor recrudecimiento al entrar Portugal en la Primera Guerra Mundial.

De Oliveira no podía consentir que todo por lo que había estado luchando en contra de la religión, se lo echaran a perder tres críos que decían ver a la Virgen. Así, llegada la fecha de la cuarta aparición, decidió «secuestrar» a los videntes y obligarles a desvelar su secreto. Tras ser encarcelados, se les advirtió: «Cómo no queréis obedecer a la autoridad, seréis achicharrados vivos en una caldera de aceite hirviendo». Uno a uno fueron interrogados, pero ninguno reveló las proféticas palabras que les había dirigido la «Señora».

Mientras pasaban por este trance, en la campa un fuerte estruendo seguido de un rayo partía en dos el firmamento. Poco después se divisaba una nube pequeña y transparente que durante algunos minutos permaneció flotando a baja altura.

A nadie le quedó la menor duda de que la «Virgen» había acudido a su cita.

Veinte mil personas, entre las que se encontraba el vicario general de Leira, se congregaban ya un mes más tarde y todas observaron cómo un globo de grandes dimensiones se desplazaba lentamente por el horizonte. Algunas personas aseguraron haber observado a un ser blanco antes de que la nave partiera en dirección al sol y comenzara a producirse una lluvia insólita:

“Parecían copos o pequeños pétalos de colores que desaparecían antes de posarse”.

José Galamba de Oliveira afirmó:

“Después de ver el globo luminoso, comenzamos a ver como una especie de pétalos de rosas o flores de nieve que venían de lo alto y desaparecían un poco más arriba de nuestras cabezas, sin que los pudiésemos tocar”.

Por su parte, el abogado Antonio Rodríguez da Silva aseguraba que «caían desde las alturas una especie de copos de nieve o de algodón en rama». En años posteriores, por lo menos en otras cinco ocasiones, se volvieron a producir estos fenómenos.

Esto me recordó que hace unos años, con motivo de las caídas de aerolitos que se estaban produciendo en el mundo, yo misma escribí una noticia en la revista Enigmas respecto a las lluvias insólitas que se venían dando desde la Edad Media; hallé un sinnúmero de ellas: de ranas, cruces, flores, pájaros…

También descubrí las de fibralvina, una sustancia que se asemejaba a la caída de Fátima -«una sustancia muy blanca que caía de lo alto en forma de flecos»- que en todos los casos había estado precedida de avistamientos ovni.

Por citar algunos de ellos, los «hilos de la Virgen» o también llamados «cabellos de ángel» -filamentos blanquecinos y evanescentes, compuestos en su mayoría por sicilio- fueron recogidos en las localidades portuguesas de Evora y de Romorantin en 1996. En septiembre de 1702, en Japón, tras tomar el sol una tonalidad rojiza, estuvieron cayendo durante varios días estas fibras de origen desconocido.
La danza del ¿sol?

Durante seis meses consecutivos, desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre, un «ser» se estuvo apareciendo a tres pequeños pastorcillos, Lucía, Jacinta y Francisco, de diez, nueve y siete años, respectivamente. Un gran milagro había sido anunciado para el último encuentro, un prodigio gracias al cual las visiones de Fátima se convirtieron en las más conocidas, reconocidas como auténticas por el Vaticano y por tanto autorizadas. Pasando a ser más tarde, la primera aparición aceptada del siglo XX.

Lucía, que era la única de los videntes que hablaba con ella, rezaba en espera de que «la Virgen» se les volviera a aparecer y realizara el anhelado prodigio. Hacia la una y media de la tarde, la niña gritó: «¡Miren al sol!» Toda la multitud repitió: «¡Atención al sol!» En ese momento, las nubes comenzaron a desaparecer y dejaron ver una gran esfera luminosa que no dañaba a los ojos y que oscilaba y giraba velozmente en torno a su eje mientras lanzaba una multitud de rayos multicolores hacia la tierra. Pasados tres minutos, el objeto volante se detuvo en seco.

Avelino Almeida, redactor jefe del periódico O Seculo que se encontraba en el lugar cubriendo el evento, relató así lo que presenció:

“Se ve a toda la inmensa multitud darse la vuelta para ver al sol, que se muestra libre de nubes en el cenit […]. Es posible ver el contorno del disco sin el más mínimo esfuerzo. No quema, no ciega. Pero el sol tembló, el sol realizó movimientos bruscos nunca vistos, fuera de todas las leyes cósmicas. El sol «bailó», según la típica expresión de los campesinos”.

En un momento dado, el ingenio comenzó a caer en vertical zigzagueando -«parecía que se desprendía del cielo»- sobre los allí reunidos. El pánico se apoderó de la gente -«¡Ay, Jesús, que aquí morimos todos!»-: algunos caían de rodillas y confesaban en voz alta sus pecados, otros corrían despavoridos y los más rezaban todo aquello que sabían.

Los doce minutos que transcurrieron hasta que el disco volvió a su disposición original se hicieron eternos. Con gran asombro se dieron cuenta de que el suelo se había secado repentinamente y que los ropajes de las personas que más cerca habían estado del objeto aparecían completamente ajados.

Un profesor de la facultad de Ciencias de Coimbra, el doctor Almeida Garrett, que había acudido al lugar con cierto escepticismo ante los acontecimientos que durante meses estaban acaeciendo en Fátima, fue testigo de la profecía y pocos días después relataba así lo que allí pudo contemplar:

“Yo miraba el lugar de las apariciones en un estado sereno, aunque frío, en espera de que algo pasara, y mi curiosidad disminuía, pues ya había transcurrido bastante tiempo sin que pasara nada que llamara mi atención. De repente escuché el clamor de miles de voces, y vi a una multitud desparramarse en aquel vasto espacio a mis pies […] darle la espalda a aquel lugar, que hasta el momento había sido el foco de sus expectativas, y mirar hacia el sol en la otra dirección”.

“Yo también me di la vuelta hacia el punto que atraía su atención y pude ver el sol, como un disco transparente, con su agudo margen, que brillaba sin lastimar la vista. Lo más sorprendente era que se podía mirar directamente al disco solar sin que los ojos se lastimaran o dañaran la retina […] el disco giraba alrededor de sí mismo en un furioso remolino. Ocurrieron también cambios de color en la atmósfera. Todo había cambiado, adquiriendo el color amarillento de damasco viejo”.

“Parecía como si la gente padeciera de ictericia […]. Entonces, súbitamente, escuché un clamor, un grito de angustia de la gente. Fue como si el sol, en su girar enloquecido, se hubiera desprendido del firmamento y , rojo como la sangre, avanzara amenazadoramente sobre la tierra como si fuera a aplastarnos con su peso enorme y ardiente. La sensación durante esos momentos fue terrible”.

Otras personas, como el doctor Domingo Pinto Coelho, aseguraban que habían visto al objeto:

“…unas veces rodeado de llamas muy vivas, otras aureolado de amarillo y rojo atenuado, otras veces pareciendo animado de velocísimo movimiento de rotación, otras aparentando desprenderse del cielo”.

Cuando Lucía aseguró que la «Señora» se marchaba, la gente pudo contemplar cómo una pequeña nube ascendía hacia el cielo. El desasosiego volvió a gobernar el lugar.

-¡Hay alguien dentro del sol!

Muchos de los presentes, que incluso portaban binoculares, pudieron observar cómo dentro de aquel «globo de luz» se dibujaban unas figurillas muy luminosas. La propia Lucía declararía más tarde que vio a:

“San José, de medio cuerpo, vestido de blanco, con el Niño Jesús dando la paz al mundo. San José estaba a la izquierda del sol y bendecía al pueblo con su mano derecha. Parecía que hacía tres o cuatro cruces sobre el pueblo. A nuestra Señora del Rosario con un ángel a cada lado y a nuestra Señora de los Dolores…”

La Iglesia enseguida dio su veredicto. Lo que allí se había observado era la Sagrada Familia. Pero, realmente, lo que algunos pudieron contemplar dentro de la esfera que se volvió transparente eran tres «seres» antropomorfos que gesticulaban con las manos.

En numerosos casos de avistamientos ovni se han podido observar dentro de estos ingenios figuras muy parecidas a las descritas por los portugueses. Baste un ejemplo rescatado de mis archivos: en 1956, en Granja de Torrehermosa (Badajoz), veinte chicos que se encontraban jugando un partido de fútbol observan un objeto volante en forma de bala que se para a unos tres metros sobre ellos. En uno de los extremos del artefacto había una sección transparente y en su interior pudieron ver la cabeza y los hombros de dos seres que parecían estar saludando.

Unos días después de que se produjera el «milagro», se decidió acudir al Observatorio Astronómico de Lisboa en busca de una explicación meteorológica, pero el director de dicho centro, como muestra en su declaración en el periódico “O Seculo”, no pudo ofrecer respuesta alguna:

“Si fuese un fenómeno cósmico los observatorios astronómicos lo detectarían con exactitud. Pero es precisamente eso lo que falta, el registro inevitable de alguna perturbación en el sistema […] por pequeña que fuese”.

Los más escépticos aseguraron que se trataba de una sugestión o alucinación colectiva debida al ambiente religioso y milagrero que se vivía en la campa. Pero el fenómeno no solamente fue visto en Cova de Iria. En cuarenta kilómetros a la redonda fueron decenas los testigos que de pueblos como Minde, Leirira o San Pedro de Muel -donde se encontraba el célebre poeta Alfonso López de Vieira- los que aseguraron haber visto el misterio lumínico. La hipótesis de la alucinación quedaba descartada…, por el momento.

Este fenómeno «solar» no es exclusivo de Fátima. Veinte años antes, en la localidad de Tilly-Sur Seulles (Normandía), el astro rey también «bailó», al igual que aconteció en Tyromestica (Checoslovaquia) el 27 de junio de 1947, donde después de que una «mujer» se apareciera a unos niños se produjo el «milagro del sol». Los vecinos de Herolsbach (Baviera) y de Acquaviva-Platani (Sicilia), en 1949 y 1950, respectivamente, observaron cómo el globo solar se les venía literalmente encima.

5 de abril de 2009 Posted by | FÁTIMA, MISTERIO | Deja un comentario

FUEGOS FÁTUOS

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LA MISTERIOSA LUZ DE BLEAKLOW

En el siglo pasado, a mediados de los sesenta, las autoridades del Peak District National Park construyeron el primer refugio en Crowden, no lejos de Woodhead. El refugio estaba dedicado a los excursionistas que hacían el viaje al Pennine Way, que cruza Longdendale en su ruta al norte a West Yorkshire.

No pasó mucho tiempo hasta que los visitantes comenzaran a ver haces de luz y bolas de luz de colores pulsantes sobre la cara oeste del Bleaklow, a lo largo del Bramah Edge y Shining Clough. Ocasionalmente la policía y los rescatistas persiguieron estas luces sin ningún resultado. Finalmente una noche de julio de 1970, la maestra Barbara Drabble, quien en ese entonces estaba casada con el guardabosque Ken Drabble, viajaba a su casa en Crowden cuando repentinamente pasó a través una cortina invisible que la llevó a la dimensión desconocida.

“Era una brillante luz azul que iluminaba toda la mitad inferior de la montaña, toda la vía férrea, los estanques y cerca de tres kilómetros del camino”.

Las luces duraron varios minutos y no parecían las de un día normal. Eran brillantes y claras y Barbara se introdujo con su coche en la luz. Sintió un frío intenso y una sensación eléctrica que le hizo erizar los cabellos de la nuca.

“Era como si el valle entero estuviera iluminado, con perfecta claridad. Era tan brillante que se podía manejar sin luces. Debí estar manejando por cinco minutos y luego me detuve, precipitadamente abandoné el coche y corrí hacia casa. El auto tenía una capa de hielo y se sentía muy frío”.

Barbara se sintió tan intrigada que preguntó a los vecinos granjeros qué sabían al respecto: “No me dijeron nada, pero su actitud me hizo sentir que ellos habían visto algo”.

Pero un año después más de una docena de testigos que estaban en el Crowden Youth Hostel, incluyendo la guardabosques Joyce Buckley, vieron una luz similar que refulgía a través de las ventanas.

“Al principio pensamos que eran luces de un coche, pero reaparecieron en la cima del Bleaklow y ningún carro puede llegar ahí. Duró tres minutos y 25 segundos y fue muy poderosa”, dijo Buckley.

La guardabosques estaba tan preocupada por la luz que llamó al Equipo de Rescate de Montaña, dirigido por el esposo de la Sra. Drabble. Ken y los miembros del equipo de rescate buscaron en vano: “Cuando llegamos a la cumbre no había nada, ni gente, ni luz ni fuego”.

En su búsqueda, los rescatistas usaron poderosas lámparas que se veían como pequeñas velas desde el Refugio.

El relato de Barbara apareció en el “Peak Park News” del verano de 1972, y constituye uno de los más curiosos e impresionantes que se hayan dado en Inglaterra.

El ufólogo inglés Phil Reeder apunta que este tipo de fenómenos comenzó a ser popular a finales del siglo XIX, pero decreció mientras aumentaban los reportes de OVNIS.

En su libro “British Goblins”, de 1880, el escritor inglés Wirt Sikes dedicó un capítulo completo a las luces errantes (corpse candles). En 1897 el folklorista escocés R. C. Mac Iagan hizo la primera reseña sistemática de las tradiciones británicas sobre las luces fantasmas. En 1956 el escritor escocés Alasdir Alpin MacGregor dedicó un capítulo de su libro “The Ghost Book” a las luces fantasmas, pero ya se comenzaba a mencionar la hipótesis de los OVNIS.

INGLATERRA 1904-1905

En el invierno de 1904-1905 se vivió una oleada extraordinaria de fenómenos curiosos en Inglaterra. Reportes de apariciones, poltergeist, casas encantadas y fuegos extraños eran pan de todos los días.

En Gales hubo un gran movimiento religioso evangélico. Y sobre el canto y los gritos de la muchedumbre daban las apariciones luminosas. Nubes luminosas cubrían el cielo y luego bajaban hasta casi tocar a la gente, posteriormente se elevaban y flotaban hasta descender sobre otras asambleas. Cosas o criaturas que brillaban aparecían como luces blancas o bolas de fuego rojo. Éstas eran especialmente evidentes en las reuniones que conducía Mary Jones, la guía espiritual más importante del momento. Se decía que una luz seguía persistentemente el carruaje de la señora Jones.

Los reporteros londinenses que fueron enviados a Gales, escribieron historias chuscas. Luego ellos también vieron las luces y las nubes. Los corresponsales del “Daily Mail” y el “Daily Mirror” dijeron haber visto luces brillantes sobre las capillas mientras había ceremonia.

B. G. Evans, en su reporte en el “Londres Daily News” del 9 de febrero de 1905, dijo que presenció las luces cuando estaba con la señora Jones en su reunión en Egryn.

“La primera luz parecía una estrella brillante emitiendo chispas. Todos la vimos. Las dos siguientes fueron claramente subjetivas, y sólo las vimos la señora Jones y yo. Tres barras de clara luz blanca cruzaron el camino frente a nosotros, de izquierda a derecha, trepando sobre la pared de una roca a la derecha. Una luz rojo sangre, a unos 30 centímetros del suelo a mitad del camino fue la siguiente manifestación”.

Extendiéndose sobre Escocia e Inglaterra el movimiento evangélico degeneró en histeria de masas. Las chicas de las tiendas ignoraban a los clientes y comenzaban a cantar y aplaudir. Otras entraban en las iglesias y gritaban haciendo mucho ruido. Los ladrones regresaban las cosas que habían robado. Otros confesaban sus pecados. Hubo muchos suicidios.

Grupos de mujeres en Leeds decían tener visiones y paraban el tráfico de las calles para organizar sus rezos. En Liverpool varios católicos fueron acosados y sus casas apedreadas. Un hombre, tomando la Biblia literalmente, se cortó la mano derecha; otro hacía una procesión todas las noches llevando su ataúd a cuestas.

Para cerrar con broche de oro se dieron casos de combustión humana espontánea. La señora Thomas Cochrane, de Rosehal, Falkirk, se encontró “quemada a tal grado que era irreconocible”. Estaba en su recámara, sentada en una silla rodeada de almohadas y cojines que no se quemaron.

La señora Cochran murió el 16 de diciembre de 1904. Una semana después, se dio otro caso. La señora Elizabeth Clark, una viejita que habitaba Trinity Almshouse en Hull, fue encontrada con el cuerpo lleno de ampollas, pero todavía viva. No pudo explicar sus quemaduras y al poco murió. Su ropa de cama no estaba quemada.

A principios de febrero de 1905, otra mujer, en Londres, fue encontrada muerta, quemada. Estaba sentada en una silla frente a la chimenea. Las quemaduras las tenía en la espalda. El mismo día un hombre, Ashton Clodd, de 75 años, murió en el Hospital Louth por quemaduras diversas. Nadie supo explicar el origen del fuego.

Barbara Bell, de 77 años, también murió por causas similares. Era el 27 de febrero. Su cuerpo fue encontrado en un sofá, y estaba completamente carbonizado, “como si hubiese estado varias horas bajo flamas intensas”.

LUCES DE MARFA

Marfa es un pueblito al oeste de Texas de unos dos mil habitantes, localizado cerca del Big Bend National Park, al suroeste de Texas, en las Chianti Mountains. Cerca están los ranchos Nopal, Antelope Springs y Escondido.

Marfa es mundialmente conocido por dos razones. Fue ahí en donde se rodó la película “Gigante”, con Rock Hudson, Elizabeth Taylor, Dennis Hopper y James Dean; y es el hogar de las famosas “Luces de Marfa”.
Las luces, que la mayoría de la gente describe como esféricas, aparecen cada tarde al sur de Marfa. Las primeras luces se ven poco antes de la puesta del sol, justo al oeste de la torre de radio. Se les puede observar fácilmente si el clima está claro. Se mueven alrededor, desaparecen y reaparecen en otra parte. Por lo regular no aparecen en días de mal tiempo. Es posible apreciarlas sobre una colina de 800 metros (Chianti Mountains), y semejan globos de juguete, de color rosa, naranja o rojo. Duran unos 15 minutos antes de desaparecer en la oscuridad. En ocasiones se puede ver hasta tres de estas luces simultáneamente.
También se les puede ver desde Blowing Rock, a 37 kilómetros al noreste.
Las luces se han transformado en la mayor atracción turística del pueblo, y se ha erigido un sitio de observación oficial a unos 15 kilómetros de Marfa, sobre la Autopista 90. Las luces de Marfa son tan conocidas que el Departamento de Carreteras del Estado de Texas colocó una señal en el sitio oficial de observación sobre la carretera 67/90, al este de Marfa (la carretera tiene 56 kilómetros y va de Alpine a Marfa). El texto de la guía de carreteras del Estado de Texas, dice:

“Las Luces de Marfa, luces misteriosas e inexplicables que han sido reportadas en el área por más de cien años, han sido el sujeto de muchas teorías. El primer avistamiento registrado de estas luces fue el del ranchero Robert Ellison en 1883. Varios las describen como fogatas, minerales fosforescentes, gas de los pantanos, electricidad estática, Fuegos de San Elmo y ‘luces de fantasmas’. Se ha reportado que las luces cambian de color, se mueven y cambian su intensidad. Los estudiosos han reportado 75 leyendas locales relacionadas con este fenómeno. 1988”.

John Harden, el cronista de los enigmas de la región de Tar Heelia, dice que las luces aparecieron por vez primera en 1850. Sin embargo no existe ningún registro escrito de 1883, mucho menos de 1850. Todo son tradiciones o relatos de segunda mano que remiten a esos años. La verdad es que los primeros registros se dan bien entrado el siglo XX.
Se han propuesto varias teorías para explicar el fenómeno. Se habló del gas de los pantanos, pero éste no tiene movimiento; de yacimientos de uranio, pero no se conoce ninguno en la región. Se creía que la causa de estos fenómenos eran los minerales fosforescentes. Estos minerales absorben la luz ultravioleta del Sol y en la noche emiten luz. Sin embargo, los geólogos que han examinado el área de Marfa declaran que no hay depósitos fosforescentes en la vecindad.

En 1957 el escritor Paul Moran propuso por primera vez, en la “Coronet Magazine” de julio, que el fenómeno se debía a las luces de los automóviles que cruzan la autopista 67, de Marfa a Presidio, sobre la cresta de las Chianti Mountains. En efecto, con unos binoculares se puede ver que esas luces que tanto maravillan a los que se apostan para observarlas en el sitio oficial, son nada más ni nada menos que luces de los autos (delanteras y traseras) que cruzan la autopista. Incluso algunos miembros de MENSA (el club de personas con más alto IQ) estudiaron las luces de Marfa y llegaron a la misma conclusión.

Un reporte típico de la observación de estas luces es el siguiente:
“Una luz blanca brillante y no roja, como la de la torre, apareció en la base de las montañas, cerca de la torre. Se le pudo ver fácilmente moverse en sentido de las manecillas del reloj alrededor de la montaña. Después de diez segundos, y cuando ya había cubierto la tercera parte del camino sobre la montaña, la luz desapareció. En menos de un minuto, apareció otra luz y repitió el movimiento de la primera. Durante toda la noche se repitió el mismo movimiento con varias luces”.

Estas luces parecen repetir sus movimientos porque son los autos que viajan en la misma dirección. Las luces desaparecen cuando los focos de los autos alcanzan la cima de la montaña y el camino da un giro y desciende.

El fenómeno se ve acrecentado cuando existe inversión térmica, ya que aumenta la refracción de las luces de los automóviles. Recientemente se descubrió otro fenómeno que influye todavía más en la aparición de estas luces. La compañía Alto Technology Resources hizo investigaciones en Texas y Nuevo México entre julio y septiembre del 2000, y descubrió que en esa región existe un terreno blanco altamente reflexivo. Estos terrenos, algunos de superficie cóncava a los lados de las montañas Chianti, actúan como superficies reflejantes de los faros de los automóviles y conducen esa luz hacia el sitio oficial de observación.

BROWN MOUNTAINS

Las “Brown Mountain lights” aparecen a trece kilómetros al noroeste de Morganton, North Carolina, cerca de Blue Ridge Parkway. Son bolas luminosas rojas, azules, verdes y blancas. Se ven por lo regular en las noches parcialmente nubladas, cuando la luz está muy baja, sobre el condado de Burke. También se les puede observar desde el Wiseman’s View, o la Linville-Grandfather Mountain.

El primero en reportar las luces fue el ingeniero alemán William Gerard de Brahm en 1771. De Brahm también fue el primero en ofrecer una explicación. Escribió que “Las montañas emiten vapores nitrosos que se inflaman por el viento, y cuando chocan dos de estos vientos, las flamas se sulfuran y desaparecen”.

Una de las referencias más antiguas en los periódicos sobre las Brown Mountain Lights se encuentra en “The Observer”, Charlotte, North Carolina, del 23 de septiembre de 1913.

Ese mismo año, el U.S. Geological Survey realizó una investigación y concluyó que las luces eran producidas por los focos de las locomotoras y de los automóviles. Probablemente las luces que se vieron durante esta investigación sí eran debidas a focos de autos y ferrocarriles, pero las que vio De Brahm no, porque en ese entonces no había línea férrea, y mucho menos automóviles. Sin embargo el fenómeno puede atribuirse a reflexiones y refracciones de las luces de Hickory, Lenoir, uno de los pueblos cercanos.

El contactado Ralph I. Lael afirma que las “Brown Mountain Lights” son aparatos extraterrestres.

El astrónomo Daniel B. Caton escribió para “The Observer” sus experiencias con las “Brown Mountain Light” (“Close Encounters of the Skeptical Kind”). Encontró que eran simples reflexiones en la atmósfera.

OZARK

La “Ozark Spook Light”, también conocida como “Hornet Light”, es una atracción turística en el medio oeste. Por más de 50 años, especialmente desde que se inició la era de los automóviles, los turistas que llegan a las montañas Ozarks (Shepherd of the Hills o Central Missouri) han visto la “Luz Fantasma”

Fue tanto el éxito de las luces que Leslie W. Robertson incluso construyó el Spoksville Museum, en el pueblo de Hornet, cerca de Joplin, Missouri. La mejor zona de avistamiento es un viejo y polvoriento camino, a 400 metros al oeste del museo. Las luces aparecen cerca de ahí a distancias que van de 70 a mil 500 metros. Su tamaño va desde una manzana hasta una pelota de básquetbol. Se expanden y contraen, y se mueven de izquierda a derecha, de adelante hacia atrás o viceversa. Su color va de dorado, ámbar, amarillo a rojo. Sus movimientos parecen ser aleatorios, nunca se separan del camino y aparecen y desaparecen repentinamente.

Con frecuencia se observan dos luces, que aparecen cuando la atmósfera es clara. Pero nadie sabe cuál es la mejor época para verlas y no existen dos descripciones que coincidan en su totalidad. Lo más común es que aparezcan como una luz brillante en lontananza, que aumenta y disminuye de tamaño, se mueve acercándose o alejándose o moviéndose por sobre las montañas con gran destello de luz.

Actualmente el propietario del museo es Garland “Spooky” Middleton, y hay una fotografía muy famosa de él afuera del museo, que fue publicada por la revista “OK Magazine” del 28 de octubre de 1979.
John P. Bessor estudió las luces para la revista “Fate” en 1951. Entrevistó a varios de los residentes y encontró un operador de una estación de gasolina que tuvo un encuentro con las luces en la montaña. Cuando él y sus compañeros dejaban el trabajo, una fuerte luz tan larga como el brazo extendido de un hombre, se formó repentinamente a pocos metros sobre sus cabezas.

“Emitía un zumbido y se quedó sobre nosotros por algún tiempo. Entonces se agrandó y se encogió varias veces. Una de las chicas que estaba con nosotros se desmayó”, dijeron.

El Dr. George W. Ward, del Bureau of Standards, Washington D.C., y socio del Midwest Research Institute, hizo una investigación en 1945. Escribió que vio la luz sobre las colinas. Tenían la forma de esferas de color amarillo verdoso de un metro y medio de diámetro. La luz se dirigió a su auto y él rápidamente cerró la puerta.

Se han tejido diversas leyendas en torno a esta luz. La Neosho, Cámara de Comercio de Missouri, publicó un librito en el que se menciona que los antiguos indios de la región ya hablaban de la luz antes de la construcción de la carretera. Otros dicen que se trata de un Viejo minero que lleva su linterna y que cruza los campos y desaparece. También se menciona que el primer reporte que se conoce fue de 1886, pero hasta el momento no he encontrado tal reporte, ni a qué se refiere el mismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial el Cuerpo de Ingenieros de las Fuerzas Armadas estuvieron en el área durante semanas con equipos sofisticados. Se examinaron cuevas, depósitos minerales, autopistas y carreteras y se intentaron varias explicaciones sobre el origen de estas luces. Posteriormente varios científicos han visitado el área con el mismo propósito. Sus resultados han probado que la refracción de la luz de los autos que viajan por la ruta 66, ocho kilómetros al oeste, son las causantes de las luces.

Qedaría la duda de casos como los del empleado de la gasolinera o el de George Ward. Si bien el primero fue dado a conocer en una revista sensacionalista (además que no se menciona su nombre), en el segundo se trata de un físico. Pero las nuevas investigaciones, como la siguiente, nos hacen suponer que tal vez Ward sufrió alguna confusión.
Incluso Joseph Allen Hynek, el padre de la ufología, escribió sobre las Tri-State Spook Lights (como también se les conoce, porque se pueden ver desde tres estados: Missouri, Oklahoma y Kansas), en la revista “New Horizons”.

Según Leslie Kennon, de la Division of Resources and Development del Estado de Missouri, la historia oficial de las Luces Fantasmas Hornet no es del todo cierta. En primer lugar, apunta, “existen varias fotografías de las luces y yo mismo he tomado algunas”.

“Mirando hacia el oeste, por el camino de la luz fantasma, con unos binoculares, se puede ver la autopista. Si se examina el mapa topográfico de Joplin, se puede observar parte de la Ruta 66 que corre del este de Commerce a Ouapaw, en Oklahoma, después gira al norte. Desde mi locación sobre el Camino de la Luz Fantasma estaba a poco más de nueve millas al este de la parte oriental de la autopista. Los binoculares revelan claramente la parte estrecha de la Ruta 66 y los ocasionales flashes de luz reflejante sobre los carros de la autopista causados por la puesta del Sol en el oeste.

“Cuando abrió el museo, a las 6:00 PM, me quedé unos 40 minutos hablando con el Viejo Garland ‘Spooky’ Middleton (de 70 años), sobre las luces y leyendo los recortes de periódico sobre las luces fantasma que él ha pegado sobre las paredes del museo.

“Después de la puesta de Sol a las 6:40 regresé a mi punto de observación y pude ver una de esas famosas luces directamente del oeste sobre el camino. Mis binoculares me probaron que esas luces no eran otra cosa que las luces de los autos que viajaban sobre la Ruta 66 a unas diez millas de distancia. Ocasionalmente son visibles varias luces a través de binoculares, pero a ojo desnudo sólo se ve un punto luminoso. La presencia de uno o más autos puede explicar el aumento y disminución del brillo. Mis mejores fotos las tomé al ocaso con un rollo Kodachrome 64, a 1/15 de segundo con una Minolta de 50 mm a una abertura de lente de F 1.4.

“Las luces que se reportaron antes de la era del automóvil se pudieron deber a luces de campamentos en las vecindades de lo que, en el futuro, serían los pueblos de Commerce y Ouapaw. Todas las fotografías de estas luces están en el mismo sitio, justo en el centro en forma de V de los árboles en el camino, exactamente en donde se verían al ser producidas por las luces de los automóviles sobre la autopista”.
Actualmente en el sitio en donde aparece la luz hay un contenedor en el que se ha pintado de naranja la leyenda No Tresspassing. Phil Campagna tomó ahí sus fotos el 15 de abril de 2000.
MACO
La “Luz de Maco” aparecía a lo largo de una antigua vía férrea, de donde se han removido los rieles. Esta parte del camino es muy recto y se eleva lentamente entre una valla de madera y arbustos. La luz aparecía como un destello que se hacía cada vez más brillante. Se veía estática en el lado derecho del camino y luego se movía hacia el centro. Se tenía la impresión que subía por la colina en una trayectoria curva. Luego de pocos segundos la luz desaparecía. La distancia hacia la luz era difícil de determinar, pero fue estimada en unos 500 metros. Algunas veces, después de esta luz aparecía una de color rojo que se movía erráticamente de derecha a izquierda.

Maco se encuentra en el condado de Brunswick, Carolina del Norte, a 20 kilómetros al noroeste de Wilmington, sobre la carretera 74/76, entre los pueblos de Saratoga y Bragg.

Se le veía sobre el Bragg Road, en Saratoga, Texas, durante las noches de verano se puede ver otra luz misteriosa, sobre los pantanos. En 1960 el sheriff Whit Whitaker inició una campaña impidiendo el uso de armas de fuego en el área, ya que varios testigos habían disparado a la luz, sin ningún resultado.

A la luz de Maco también se le ha embellecido con una leyenda. Los creyentes de lo oculto dicen que en 1867 la Atlantic Coast Line Railroad tenía una ruta que pasaba por la pequeña estación de Farmer’s Turnout (ahora llamada Maco). Joe Baldwin era uno de los conductores de la línea. Una noche en que el tren estaba parado, inexplicablemente el último vagón se soltó y comenzó a caminar colina abajo. Baldwin saltó al vagón para tratar de detenerlo, pues atrás venía otro convoy. Al no poder detenerlo, sacó su linterna e hizo señales al otro tren, pero no pudo evitar la colisión. Joe murió decapitado. Desde entonces los residentes comenzaron a ver las luces cerca de Hood’s Creek. Se les veía sobre los rieles del Atlantic Coast Line. A veces eran dos luces, una encima de la otra. “Es el viejo Joe buscando su cabeza”, decían los lugareños.

Pero la verdad es que la Atlantic Coast Line Railroad nunca tuvo una ruta que llegara a Maco en 1867, simplemente porque en ese año no existía. La que sí tenía una ruta era la Wilmington, Manchester and Augusta Railroad, pero se desconoce si en ese entonces trabajaba para esa línea alguien llamado Joe Baldwin.

Tal vez porque no se ha logrado demostrar la existencia del tal Joe, otros dicen que la luz es el espíritu de un guerrero indio muerto en batalla, mientras otros afirman que es el fantasma de una bruja negra.
Pero el hecho es que la gente veía luces, y existen muchos testimonios al respecto. Uno de los que le dieron mayor nombre fue el del presidente Grover Cleveland.

No sé si el relato sea verídico, pero se afirma que en octubre de 1894 el presidente Cleveland vio las luces desde su Pullman. Maravillado, llamó al conductor del ferrocarril y le preguntó sobre la misteriosa luz. El conductor sonrió y dijo: “Lo que usted acaba de ver, señor, es la Maco Station Light”.

Se ha estimado que las luces de Maco tienen una intensidad de un foco de 25 watts. Por eso es incomprensible la reacción de algunos conductores del ferrocarril que, según los defensores de las luces de Maco, han incluso detenido el tren creyendo que iban a chocar con otro viniendo de frente. Esto los ha llevado a adoptar dos linternas, una blanca y la otra verde.

A las luces también se les conoce como “Big thicket ghost light” y duran de pocos segundos (30, lo más común) a varios minutos. En una ocasión se trajo una ametralladora desde el Fuerte Bragg y se disparó hacia la luz. Pero ésta siguió apareciendo.

Parte de los rieles fueron desmantelados en 1934. En 1977 se quitaron por completo las vías, y desde entonces se dejaron de ver las luces.

5 de abril de 2009 Posted by | FÁTUOS, MISTERIO | Deja un comentario

   

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