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LA TIMIDEZ

La timidez soy YO.

Una persona tímida, a menudo es tachada de incompetente o tonta, y no es así. La timidez en una persona puede venir a consecuencia de miedos inconfesables o a una selecta educación y miedo al ridículo más inverosímil.

En mi caso, por no ir más lejos y poder decir algo coherente desde mi propia experiencia, no sé si es por una exquisita educación (que por supuesto no me la dio mi padre) o por miedos inconfesables. Las situaciones más normales para una persona se convierten para mi en un mar de dudas, es decir, acciones cotidianas que realizan diariamente desde niños hasta ancianos, a la hora de tenerlas que hacer yo, deben pasar una criba cerebral de miles de interrogantes que siempre, o casi siempre, se responden con negativas hacia mis intereses; por ejemplo, si llego a una ferretería (por no decir un establecimiento comercial cualquiera), y llevo en mente comprar un determinado tipo de tornillo, y no otro, porque entonces no me serviría, y delante de mi se encuentran haciendo cola varias personas, soy incapaz de preguntar: “perdone, ¿tiene tornillos como éste?”; y eso me pasa porque antes de preguntarlo, pienso en las consecuencias que puede tener el realizar esa pregunta:

1) Que cualquiera de los que están a la cola esperando a que les atiendan, me tachen de maleducado y me pongan la cara colorada, por una simplería que no llega a mayores extremos, pero que el hecho de que alguien me llame la atención, es algo que no me gusta nada, y ante lo que me quedo sin argumentos para defenderme si le replico educadamente, y me responden con cualquier otra cosa; y aunque en ella no tengan razón, como sé que he hecho mal en adelantarme, me callo y no digo nada más; me limito a enrojecerme y rogar para que la tierra me trague.

2) Que sea el propio dependiente el que me diga que no es mi turno, y que por lo tanto no tiene por qué atenderme, por lo que me parece que si sigo esperando, al llegar mi turno, no me va a atender como debiera, y que siempre que me lo tropiece, se me vendrá a la mente la imagen del ridículo que pasé en su tienda, y creo que aún se está riendo de mi.

Y yo me pregunto: ¿eso es timidez?, ¿educación escrupulosa?, o simplemente miedo al ridículo; claro, que también se podría traducir en miedo escénico, o complejo de inferioridad, puesto que los tímidos a menudo sentimos que se están riendo de nosotros sin motivo aparente, tan sólo porque nos parece que hasta un niño que nos crucemos por la calle y que nos mire más de lo que deseamos descubre nuestro punto débil, o hablando a nuestras espaldas, cuando es todo lo contrario, la gente es como tiene que ser, o al menos, como las pautas normales de comportamiento así lo exigen. ¿Somos por tanto los tímidos unos inadaptados?. NO, rotundamente, creo que no; es más, creo que como pensamos más en las consecuencias de nuestros actos, somos más inteligentes y actuamos siempre de buena fe; por eso, cuando algún detalle se nos escapa y comentamos algo, ocurre que, de vez en cuando, se lo toman los demás a mal, cuando en realidad no se ha dicho con ese sentimiento.

Si nos fijamos un poco en la psicología del tímido, (y puedo asegurar que yo lo hago mucho), descubriremos que siempre nos fijamos más en el débil que en el fuerte. Lo que quiero decir es que en una película de acción, seguimos más de cerca la vida del pobre camello, (y nos identificamos más con él) que con el pez gordo del hampa que maneja las entradas ilegales de droga en un país, o en el policía bueno y sereno que en malvado, o en la gacela que en el león que le va dando caza. En fin, parece ser que estamos condenados a seguir siempre así, a no ser que nos pongamos en manos de especialistas (y dudo mucho que el comportamiento que llevamos inscrito en los genes puedan cambiarlo pastillas de colores o terapias de grupo, donde el primer paso es admitir en público que eres tímido.).

Puedo afirmar también, que la mayoría de nosotros de vez en cuando (y más a menudo de lo que quisiéramos) se nos quedan las palabras en el tintero por el simple hecho de quererlas decir todas al mismo tiempo, o buscar otra palabra que empiece por otra letra donde sabemos que cuando nos ponemos nerviosos nos atrancamos, con el consiguiente regodeo de los presentes.

Otro aspecto, que se me ocurre que es de destacar, es que ésto no nos ocurre si estamos en nuestro ambiente (familia, amigos, gente que nos aprecia), y es algo que me parece que ocurre porque cuando estamos en nuestra salsa, no pensamos en el ridículo ni en intentar no hacer daño a nadie, sino que como todos los que están presentes nos conocen y saben de nuestra manera de pensar, no nos detenemos tanto a escudriñar en nuestra mente las palabras que queremos decir, sino que éstas salen solas, acorde con nuestro pensamiento, y sin desprestigiar a nadie; se nos quita la vergüenza, e incluso somos capaces de desarrollar nuestras ideas y pensamientos a voz libre sin trabas que nos coaccionen, y lo que es más sorprendente, la gente nos escucha, porque sabe que siempre decimos algo coherente y lleno de razón: eso me fascina, me encuentro a gusto conmigo mismo.

De ésta última reflexión, se puede deducir que el problema puede venir como rebote de una teoría sobre nuestra personalidad de que no vamos a ser aceptados tal y como somos (pero no cambiamos nuestro hacer voluntariamente), y quizá no creamos en nuestra autosuficiencia y capacidad para decidir nada más que en ambientes amigos, cosa que no nos ocurre en ambientes hostiles, o que no nos gustan. Quizá todo dependa de cómo sea nuestra primera impresión de una persona y del apoyo que nos muestre, eso es, a lo mejor necesitamos apoyo en un principio para poder ser nosotros mismos.

Solemos ser bastante observadores, como ya he dicho antes, y muy, muy detallistas, captando perfectamente conductas o miradas entre extraños que nos llevan a conocer la psicología de ellos en tan sólo unos minutos: y no solemos equivocarnos.

Un detalle malo (o que creamos que sea malo, de desprecio…) Hacia nosotros, es suficiente para que cada vez que tengamos que mantener una conversación con esa persona, tengamos en la mente la imagen de ella hacia nosotros que no nos gustó, y pensamos que si ésta vez se porta amablemente con nosotros, es por pura hipocresía.

Otra característica que se me viene a la cabeza en relación con la timidez, es el posible estado de constante ansiedad por miedo al fracaso y a decepcionar anticipadamente. Cuando éstas circunstancias ocurren, se puede decir que no hay salida porque se han confirmado los temores. Quizá esa sea la causa de la verdadera timidez, que pienses que algo te va a salir mal, y efectivamente, te sale, sabiendo que podías haber rehusado a hacerlo y no lo has hecho. Puede ser que entonces el que se llame tonto sea uno a sí mismo.

Todas las cosas expuestas en éste tema, pueden resultar a simple vista un poco fuertes, pero como dije al principio, son mis pensamientos y no tienen razón de existir si todo el mundo piensa igual. Estoy seguro que si algún día un tímido lee ésta parte, se identificará en un grado muy alto con todo lo expuesto, y me atrevería a aventurar que incluso, le serviría para reflexionar un poco sobre sus problemas. A mi me ha servido para tener un poco las ideas más claras y enfrentarme a situaciones que para cualquiera son pequeñas, pero que para mi son un mundo. Le voy perdiendo el miedo a algunas actuaciones personales. Aunque de todos modos, dudo mucho que alguna vez ésto sea leído por alguien que no sea yo.

CONCLUSIÓN: no coartes al tímido: escúchale y dale confianza para que él mismo se encuentre a gusto contigo. Aprenderás mucho de él, sobre todo sensibilidad ante la humanidad y educación. No pongas al tímido en un pedestal y después lo bajes, no nos gustan las palabras fuertes ni las acciones violentas, así como el “pasotismo” que existe en la sociedad para con sus semejantes. Somos personas dispuestas siempre a ayudar, y de veras lo digo, de corazón.

Sentimos la necesidad interior de notar cómo alguien ajeno afectivamente a nosotros (pero no desprendidos de nuestro entorno) se preocupe por nuestras inquietudes; si no es así, nos encontramos ante el enemigo de la inseguridad en todas las acciones que desarrollemos siempre que esas personas que no nos “hacen caso” estén presentes.

Con el paso del tiempo, he comprendido algo que me decía mi madre, y no es que mi madre tenga mucha vida corrida, pero sí se ha llevado muchos “palos” como los que me contaba, aunque yo no la creía. De todos modos, creo que ella tampoco está preparada para la vida, puesto que aunque le han pasado tantas cosas malas, sigue siendo inocente y no sabe defenderse ante los depredadores. Lo que ella me decía es que la vida es muy mala, y hay gente para todos los gustos, que no todos piensan como yo, y eso es verdad. Enfriando el corazón en muchas circunstancias de la vida, y manteniendo la cabeza callada durante un segundo antes de abrir la boca, se evitan muchos problemas que de vez en cuando me surgen, puesto que el pensamiento de los demás se desarrolla de ésta manera, mientras que el mío es mucho más limpio, no pienso las consecuencias, pero no por que no me importe lo que digo, sino porque como no es mi manera de pensar, no se me viene a la cabeza lo que otro pueda pensar.

Y es que, en ésta PALABRA NO PERMITIDA vida, lo uno quiere hacer para ayudar a los demás, a menudo se le vuelve en contra, porque la gente es egoísta, y a la hora de la verdad le importa un PALABRA NO PERMITIDA lo que te ocurra a ti, cosa que al revés no se cumple.

Puede ser que me esté intentando meter en el tema de la hipocresía, que posiblemente algún día trate en más profundidad, pero la verdad es que revienta cómo son las personas (casi todas); incluso aquellas que tú crees tus amigos porque hablan contigo de cualquier tema, o se ríen, o comparten una cerveza, o incluso algún secreto, incluso esas, repito, te sorprenderán algún día con su forma de pensar poniéndote al descubierto que la sensibilidad humana que a ti te parecía ver en ella es toda falsa, y diciendo siempre lo que en ese momento te gustaba oír.

10 de noviembre de 2008 Posted by | REFLEXIONES, TIMIDEZ | Deja un comentario

   

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